22 Sep ¿Puede la deuda técnica reducir el valor de un software?
Un software puede funcionar correctamente, tener clientes e incluso generar ingresos recurrentes y, sin embargo, esconder un problema capaz de afectar significativamente a su valoración: la deuda técnica.
Desde fuera, dos plataformas pueden ofrecer prácticamente las mismas funcionalidades. Pero cuando se analiza su arquitectura, código fuente, documentación o capacidad de evolución, pueden encontrarse en situaciones completamente diferentes.
Por esta razón, en una tasación de software no basta con comprobar qué hace una aplicación actualmente. También es necesario determinar cuánto costará mantenerla, modificarla y hacerla crecer en el futuro.
¿Qué entendemos por deuda técnica?
La deuda técnica aparece cuando durante el desarrollo de un software se adoptan soluciones que permiten avanzar rápidamente, pero que pueden generar costes o dificultades posteriores.
No siempre implica que exista una mala programación.
En muchos proyectos es normal tomar decisiones temporales para cumplir una fecha de lanzamiento, desarrollar un MVP o responder rápidamente a las necesidades del mercado.
El problema surge cuando esas soluciones provisionales se acumulan durante años sin ser revisadas.
Podemos encontrar situaciones como:
- código difícil de mantener;
- tecnologías antiguas o sin soporte;
- falta de documentación;
- ausencia de pruebas automatizadas;
- arquitectura excesivamente compleja;
- dependencias desactualizadas;
- procesos manuales que deberían estar automatizados;
- o integraciones con terceros difíciles de sustituir.
Todo ello puede tener consecuencias económicas.
Un software que funciona puede necesitar una gran inversión
Este es uno de los aspectos más interesantes desde el punto de vista de una valoración tecnológica.
Imaginemos una plataforma SaaS que factura regularmente y dispone de cientos de clientes.
Comercialmente puede parecer un activo atractivo.
Sin embargo, durante una due diligence tecnológica se descubre que su arquitectura no permite aumentar fácilmente el número de usuarios, que determinadas partes del código llevan años sin actualizarse y que cualquier nueva funcionalidad requiere semanas de trabajo.
El comprador ya no analiza únicamente cuánto dinero genera actualmente el software.
También deberá calcular cuánto tendrá que invertir después de adquirirlo.
Ese coste potencial puede influir en la negociación y, en determinados casos, en la valoración económica del activo.
La mantenibilidad tiene valor
Uno de los errores frecuentes es pensar que el valor tecnológico depende principalmente del número de funcionalidades o de las horas invertidas en desarrollar el producto.
No necesariamente.
Un software correctamente estructurado, documentado y mantenible puede resultar más atractivo que otro mucho más grande pero difícil de modificar.
En una valoración pueden resultar relevantes factores como:
Arquitectura
Debe analizarse si la estructura tecnológica permite evolucionar el producto sin tener que reconstruir partes importantes de la aplicación.
Calidad del código
Duplicidades, ausencia de estándares o una complejidad innecesaria pueden incrementar el coste de mantenimiento.
Documentación
Una documentación adecuada facilita que nuevos desarrolladores comprendan el sistema y reduce la dependencia del conocimiento informal del equipo original.
Automatización y pruebas
Los sistemas de testing y despliegue automatizado pueden reducir riesgos cuando se realizan nuevas versiones.
Actualización tecnológica
Frameworks, librerías, bases de datos y demás componentes deben analizarse para determinar su estado y perspectivas de mantenimiento.
¿Cómo afecta realmente al valor?
No existe una fórmula del tipo:
“Esta plataforma tiene mucha deuda técnica, por lo tanto vale un 30 % menos”.
Una valoración profesional requiere analizar el activo de forma global.
La deuda técnica debe ponerse en relación con otros factores: facturación, clientes, propiedad intelectual, crecimiento, competencia, tecnología propia, equipo, escalabilidad y perspectivas del negocio.
Además, no toda deuda técnica tiene la misma importancia.
Una pequeña aplicación rentable y estable puede funcionar durante años con una arquitectura sencilla. En cambio, una plataforma que pretende multiplicar rápidamente el número de usuarios puede sufrir graves limitaciones si su infraestructura no está preparada para crecer.
Por tanto, lo relevante no es únicamente identificar problemas técnicos, sino determinar qué impacto económico pueden producir.
El coste de corregirla también debe estudiarse
Durante una tasación informática puede resultar necesario estimar qué esfuerzo supondría corregir determinadas deficiencias.
En algunos casos bastará con realizar mejoras progresivas.
En otros será necesario actualizar tecnologías, modificar la arquitectura, reescribir determinados módulos o incluso sustituir componentes completos.
La diferencia entre ambos escenarios puede representar una inversión considerable.
Precisamente por ello, una valoración tecnológica debe ir más allá del análisis financiero tradicional.
La tecnología forma parte del valor empresarial
Cuando el software constituye el núcleo del negocio, su estado tecnológico afecta directamente a la capacidad de la empresa para seguir generando ingresos.
Una plataforma técnicamente sostenible puede lanzar nuevas funcionalidades, integrar servicios, incorporar desarrolladores y responder mejor al crecimiento.
Por el contrario, una acumulación importante de deuda técnica puede transformar cada modificación en un proceso lento, caro y arriesgado.
Antes de una venta de empresa, entrada de inversores, separación de socios o valoración de un activo tecnológico, conocer el estado real del software permite disponer de una imagen mucho más precisa de aquello que realmente se está valorando.
Porque en una tasación informática no importa únicamente cuánto ha costado desarrollar un software.
Importa también cuánto puede costar mantenerlo y hacerlo evolucionar mañana.
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